miércoles, 31 de agosto de 2011

miércoles, 24 de agosto de 2011

domingo, 21 de agosto de 2011

No ve, pero cómo la toca.

Y siguiendo con las versiones que tan curiosas me resultan...

Light my fire, de The Doors. Por José Feliciano, ciego portorriqueño nacido en los años 40. El nombre suena cómico y las expectativas pueden parecer poco fiables... hasta que hagas click aquí abajo... COLOSAL.


miércoles, 17 de agosto de 2011

Versiones.

Imagino que requiere valentía recoger clásicos (o no tan clásicos) alabados mundialmente para versionarlos a la manera propia. En muchos casos, los resultados han sido ridículos y, como ya se sabe, las comparaciones son odiosas.

Casos como el de Nothing Else Matters versionado por Lucie Silvas, o Satisfaction de los Rolling Stones ¿¿¿versionado??? por Britney ... dejan mucho que desear, y en ningún caso superan la versión original.

Sin embargo, y a pesar del valor que le otorgo desde siempre a Rod Stewart y su eterna voz mágica, tengo que afirmar que, si "Maggie despierta" de M-Clan no logra superar su "Maggie May", está claramente al mismo nivel. Y es que la guitarra cobra más protagonismo, se incorporan nuevos instrumentos, y... ¿qué decir de la voz y energía de Carlos Tarque?
Magníficas ambas.






viernes, 5 de agosto de 2011

My own.

Me disponía a hacerlo, pero he olvidado cómo y qué se escribe en los malos momentos.

Supongo que siempre la solución se encuentra dentro de uno mismo, en lo más profundo.

Yo me ayudaré. Yo me salvaré a mí.

lunes, 1 de agosto de 2011

Las bandas sonoras de la vida.

Recuerdo cómo hacía tiempo que habían quedado atrás los treinta grados negativos. En el mar comenzaban a manifestarse grietas cada vez mayores. Una mañana, el hielo decidió que era hora de dar paso a la primavera. Los cisnes. El sol.

Mientras la nieve se derretía contra su voluntad, el coche que cada viernes me ayudaba a conocer una pequeña parte de Suecia se inundaba de música más que adecuada. De ensueño.

Hoy, más de dos meses después, he vuelto a escuchar las canciones. En otro país, en otra situación y bajo otros sentimientos.

Y automáticamente... me he transportado a la curva de Klockestrand, donde terminaba el viaje de ida, al girar para llegar a la diminuta isla de Sandö. La música permanecía en mi cabeza durante toda la mañana.