martes, 29 de junio de 2010

Half-open.

Se cierran. Ahora entreabiertos. Así los quiero.
Siento el cuerpo permanecer mientras un soplo emerge sin límites.
Ahí está otra vez, esa media pupila escoltada por pestañas. Las pestañas.
La abertura en su justa medida, con los párpados como protectores. Abrir y cerrar de ojos, a cámara lenta. No me cansaría de observar el proceso.

domingo, 20 de junio de 2010

Si on s'eclipse ce soir...

De tal palo, tal astilla.

sábado, 12 de junio de 2010

Nunca suficiente.

No encuentro posible conformarme con los efímeros momentos vividos. No pediré su eternidad, pues comprendería excesiva ambición, y como quien dice, lo bueno, si breve, dos veces bueno. Pero la nocturnidad enfría mi calor, y se marchita el tiempo del mismo modo que se escapa la arena entre los dedos. Cuando apenas restan milésimas de segundo para declararme profundamente adicta a una sonrisa, se desvanece el sueño, produciendo como premio de consolación escasas imágenes estáticas en mi mente que, a pesar de que podrían definir cánones de belleza, no cuentan con el dinamismo usual, causante de cambios de ritmo palpitatorios. En ocasiones en las que celebras vivir sin reloj, el tiempo nunca es suficiente.

martes, 8 de junio de 2010

Noche.


El último deseo que sus labios osaron susurrar no fue más que una utopía. La esperanza, la ciega creencia en los milagros, su único recurso. "Es hora de comenzar, siento que ha llegado el momento", pensaba. "Esta vez no me rindo, esta vez... la definitiva". Y ocasión tras otra, se trataba de intentos fallidos. Hoy miró hacia el cielo, después, gesticuló de tal modo que incluso advirtió la falta de orgullo propio en su rostro. Cómo los años pasaban, y cómo los asuntos pendientes permanecían. Cerró la ventana dejando entrever el eterno encerramiento que sus secretos precisaban. La fuerza que podía o no tener, era motivo de discordia en su mente, ahora. "¿Acaso es que de verdad soy incapaz, o quizás no lo he intentado cuanto debería?". De cualquier modo, cerró sus ojos, al igual que había hecho con la ventana, una noche más. Deseando que, con la aparición del sol reinante, sus fuerzas y su amor propio cobrasen poder y finalmente, sus deseos, sus más profundos anhelos, floreciesen de la misma forma que lo hacen, en tal día como hoy, las margaritas, venciendo a la muerte temporal que cada invierno supone para las mismas.

viernes, 4 de junio de 2010

And it feels...

...better than love.

miércoles, 2 de junio de 2010

3:24 a.m.

En circunstancias "normales", lo llamaría insomnio. Tal vez se deba a un exceso de cafeína, pero algo dentro de mí lo niega. Es diferente. Siento euforia. Cada ardiente centilitro de mi sangre se ve acelerado. Mis párpados, inmóviles. Ojos abiertos de par en par, observando la rotunda uniformidad de la oscuridad, mientras escucho, procedentes del rellano, voces que tratan de atraer mi atención inútilmente. Tengo una sonrisa nueva. Una desconocida. Como si alguien la hubiese dibujado para mí, sólo para esta noche. No hay viento y las voces se han esfumado. Toda distracción, desvanecida. Sonrío y me muerdo un labio. Acaricio mi barbilla una y otra vez, en señal de impaciencia. ¡Cuántos proyectos por delante! Mis ojos se empañan de alegría, teniendo fe, por fin, en haber recuperado la ambición que me caracterizaba, la antigua necesidad de días de 28 horas, el implacable cosquilleo en el estómago, y la certeza de que en una noche como ésta, he vuelto a encontrarme, en estas hojas. En este entorno, en estos fuertes pensamientos. Como si hubiese regresado a un lugar del que provengo. Me percibo de nuevo. Me reencuentro conmigo misma. Ya me echaba de menos. Apenas me reconozco, sólo sé que lo último que deseo es volver a olvidar mi esencia.
Y es que nunca un "insomnio" dio lugar a tanta intensidad, a tal plena cercanía.